{"id":128190,"date":"2025-02-02T20:38:53","date_gmt":"2025-02-03T02:38:53","guid":{"rendered":"https:\/\/diariolanoticia.com.mx\/?p=128190"},"modified":"2025-02-25T20:39:45","modified_gmt":"2025-02-26T02:39:45","slug":"cronicas-de-yauhquemehcan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/diariolanoticia.com.mx\/?p=128190","title":{"rendered":"CR\u00d3NICAS DE YAUHQUEMEHCAN"},"content":{"rendered":"\n<p>El anhelo de una vida mejor<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>(Cuento hist\u00f3rico; argumento ficticio)<\/p>\n\n\n\n<p>David Chamorro Zarco<\/p>\n\n\n\n<p>Cronista Municipal<\/p>\n\n\n\n<p>Toda le gente era plenamente consciente de la fragilidad de la vida, de lo breve que puede resultar la existencia y de los sufrimientos que vienen aparejados con la subsistencia diaria. De abuelos y bisabuelos se hab\u00eda conocido lo doloroso que puede llegar a ser el hambre, el no poseer ni un mendrugo de pan, ni un poco de sopa o ni siquiera la mitad de una papa. Era muy triste mirar, al cabo de algunas semanas sin alimento, gente caer muerta por cualquier lugar. Decididamente, morirse de hambre era algo feo, y eso lo sab\u00edan muy bien en la aldea porque ya hab\u00eda sucedido en diferentes ocasiones en el pasado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bIrlanda no era exactamente muy diferente de otras regiones del mundo en el fondo. Las comunidades campesinas acud\u00edan a sus labores con la esperanza siempre fija en recibir la bendici\u00f3n del buen tiempo para poder levantar una abundante cantidad de productos con lo que asegurar su subsistencia para el siguiente a\u00f1o. No hab\u00eda mayores reservas de alimento y el dinero o la riqueza material eran escasos. S\u00f3lo se trabajaba y se rezaba, en espera de que el Dios todopoderoso se apiadara de los aldeanos y les permitiera la debida subsistencia, con base en la promesa de que, si los p\u00e1jaros no se ocupaban por sembrar los campos ni los lirios en tejer el algod\u00f3n y ten\u00edan asegurada la existencia, otro tanto deb\u00eda esperar los hombres de la benevolencia del Creador.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEso era justamente lo que se esforzaba en explicar cada domingo, en la homil\u00eda, el cura John Taylor. Irlanda se hab\u00eda mantenido fiel al credo cat\u00f3lico a pesar de los embates de los ingleses que desde hac\u00eda siglos se hab\u00edan rebelado contra Roma, creando su propia iglesia nacional. Pero los irlandeses no pod\u00edan dar la espalda a sus antepasados, no pod\u00edan olvidar su fidelidad al Pont\u00edfice romano, y sobre todo sab\u00edan muy bien de que independientemente de la lectura e interpretaci\u00f3n de las escrituras sagradas, lo que verdaderamente importaba era la fe, pues Dios, en su misericordia infinita, seguir\u00eda haciendo salir el sol sobre justos e inicuos y les permitir\u00eda la satisfacci\u00f3n de sus necesidades m\u00ednimas de casa, vestido y sustento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEso tambi\u00e9n cre\u00eda Peter Hawlings, un hombre joven de apenas dieciocho a\u00f1os que, con gran inteligencia, esfuerzo y dedicaci\u00f3n, hab\u00eda logrado en apenas unos tres a\u00f1os de trabajo, aprender con profundidad y pericia, diversos conocimientos del manejo de m\u00e1quinas y herramientas, muy en particular acerca del tendido de v\u00edas de ferrocarril. Hab\u00eda estado en diversas regiones de Inglaterra educ\u00e1ndose en la mejor escuela del mundo, que es la de la vida pr\u00e1ctica, y ah\u00ed, entre fatigas y accidentes, rudezas y exigencias, pudo llegar a dominar el complejo arte de la construcci\u00f3n de los caminos de hierro por el que se arrastraban, como formidables orugas de acero, las impresionantes m\u00e1quinas de vapor, arrastrando decenas de toneladas de carga.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bNo obstante, a pesar del trabajo, hac\u00eda finales de 1843, Peter Hawlings recibi\u00f3 la noticia de que su padre estaba muy enfermo, francamente en camino directo a la muerte y que, antes de dejar el mundo deseaba ver reunidos a todos sus hijos para expresar su \u00faltima voluntad. Por ello el joven regres\u00f3 lo m\u00e1s pronto que pudo a Irlanda, a su peque\u00f1a aldea, con la gracia de que apenas unos d\u00edas despu\u00e9s de haber pronunciado sus \u00faltimas disposiciones, el padre entreg\u00f3 su alma a Dios. Los ritos funerarios y las ceremonias se hicieron de acuerdo a la tradici\u00f3n cat\u00f3lica imperante y Peter no pudo regresar de inmediato a las tierras inglesas a seguir tendiendo o reparando v\u00edas f\u00e9rreas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLa tierra que se padre dej\u00f3 deb\u00eda ser atendida, por lo que la media docena de hermanos, seg\u00fan la voluntad del padre, tomaron posesi\u00f3n de su heredad y comenzaron a prepararse para el siguiente ciclo agr\u00edcola. Peter tuvo la idea de ceder su parte a alguno de ellos y represar a trabajar a la industria, pero acaso por el llamado del amor o por el apego a los or\u00edgenes, el joven decidi\u00f3 dejar un poco de lado su inclinaci\u00f3n por las m\u00e1quinas y las herramientas, para avocarse a la fecundidad de su tierra y de su mujer, la joven Marie que, con apenas diecis\u00e9is a\u00f1os, abr\u00eda su mente y su cuerpo para el dep\u00f3sito de la simiente que hab\u00eda de convertirse unos meses m\u00e1s tarde en su ni\u00f1a, una beb\u00e9 muy hermosa a quien pusieron el nombre de Ellen Hawlings.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLos campesinos viejos de la aldea irlandesa de Peter dec\u00edan que algo extra\u00f1o flotaba en el ambiente. Algunos dec\u00edan que muy de madrugada se ve\u00edan unas luces en el lado norte, otros aportaban que igualmente los vientos polares comenzaban a sentirse muy pronto, fuera de su lugar habitual y algunos comenzaron a vaticinar que se acercaba una cat\u00e1strofe, acaso una sequ\u00eda o tiempo mucho m\u00e1s fr\u00edo que el normal, en tanto que otros, muy por lo bajo, comenzaron a vaticinar la llegada de una nueva hambruna, con las dolorosas consecuencias que conoc\u00edan por los relatos de las generaciones anteriores. Peter, ante tales noticias s\u00f3lo se limit\u00f3 a levantar los hombros, mientras segu\u00eda abriendo la tierra con su azada, repitiendo mentalmente varias veces la base de la promesa de que Dios todo lo proveer\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bSin embargo, en esta ocasi\u00f3n no result\u00f3 as\u00ed. El tiempo no fue propicio para las cosechas, aunado a una terrible enfermedad que sufrieron los cultivos de papa de la que depend\u00eda en su mayor parte la poblaci\u00f3n irlandesa, y con gran pesadumbre, los habitantes de la regi\u00f3n vieron que la llegada del a\u00f1o 1845 ser\u00eda especialmente dif\u00edcil para todos. Peter habl\u00f3 con Marie acerca de lo que se esperaba para la siguiente temporada. El hombre que a\u00fan ten\u00eda cierta parte de sus ahorros y sobre todo que deseaba regresar a Inglaterra para buscar un mejor destino para su familia, dijo resueltamente que, si perd\u00edan las cosechas y no se levantan ni papas, se ir\u00edan a Londres apenas llegara la primavera del siguiente a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEfectivamente, el resultado de la situaci\u00f3n fue que los pobres campesinos irlandeses no levantaron ni papas de sus maltratados campos, los alimentos se dispararon de precio de manera inmediata y los aldeanos comenzaron a doblar el n\u00famero de oraciones que elevaban a Dios para les socorriera del alimento necesario. Peter no hizo tal. Redujo todo su equipaje a una gran valija y, apenas comenzando la primavera de 1845 se march\u00f3 a la capital inglesa, en compa\u00f1\u00eda de su mujer y de su hija, tratando de escapar de una realidad que ya se adivinaba muy dura. Una vez en Inglaterra, el joven t\u00e9cnico se movi\u00f3 para renovar sus contactos y apenas un par de semanas despu\u00e9s ya se le ve\u00eda conduciendo a una cuadrilla de trabajadores, dando mantenimiento a diversos tramos de la v\u00eda del ferrocarril. Hacia finales de 1845, Peter recibi\u00f3 carta de alguno de sus hermanos en donde le informaba de la condici\u00f3n tan desafortunada en que hab\u00eda ca\u00eddo la aldea, pues nuevamente el tiempo hab\u00eda sido adverso y por segunda temporada consecutiva, no hab\u00eda sido posible levantar ni papas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bConmovido por la situaci\u00f3n de su familia, Hawlings envi\u00f3 alguna cantidad libras esterlinas a su familia en Irlanda, aunque bien sab\u00eda que s\u00f3lo era un acto de genuina piedad, pues en el fondo el problema no se resolver\u00eda con unas cuentas monedas o unos pocos billetes de banco. Peter supo por una carta posterior, que todos sus hermanos y sus respectivas familias, antes de verse reducidos a morir de hambre, hab\u00edan decidido venderlo todo y embarcarse a buscar una mejor oportunidad en los Estados Unidos de Am\u00e9rica, aprovechando algunas noticias de que esa naci\u00f3n estaba aceptando a los migrantes con la condici\u00f3n de que los varones se alistaran en su ej\u00e9rcito. Decididamente, era mejor morir luchando que perecer de hambre. Peter coincidi\u00f3 desde luego en este razonamiento y dese\u00f3 de todo coraz\u00f3n que la traves\u00eda de su familia se hiciera sin contratiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bUnos meses despu\u00e9s, en el verano de 1847, aprovechando un tiempo libre, Peter entr\u00f3 en una taberna llena de obreros y de ferrocarrileros y mientras beb\u00eda un tarro de cerveza, tuvo ocasi\u00f3n de revisar un peri\u00f3dico en donde se destacaba una nota \u00abEl ej\u00e9rcito de los Estaos Unidos ocupa M\u00e9xico\u00bb. En unas cuantas l\u00edneas, Peter se enter\u00f3 de que las fuerzas de la uni\u00f3n americana hab\u00edan invadido a su vecino del sur y que todo parec\u00eda anunciar que hab\u00eda poca resistencia de parte de los mexicanos. En las \u00faltimas palabras de la nota, se dec\u00eda que el ej\u00e9rcito norteamericano iba reforzado en esta ocasi\u00f3n por un batall\u00f3n de irlandeses voluntarios que se denominaban a s\u00ed mismos \u00abSan Patricio\u00bb. Peter levant\u00f3 la vista y se imagin\u00f3 a sus hermanos marchando con sus armas y sus uniformes por las tierras de un pa\u00eds extra\u00f1o, que antes ni siquiera \u00e9l mismo se hab\u00eda imaginado que exist\u00eda, y que se llamaba M\u00e9xico. Sus hermanos iban combatiendo para ganarse, con honor, un lugar como ciudadanos de los Estados Unidos de Am\u00e9rica y esto le arranc\u00f3 de inmediato una sonrisa de orgullo. Tom\u00f3 su cerveza y dijo para sus adentros \u00ab\u00a1A la salud del Batall\u00f3n de San Patricio! \u00a1A la salud de los bravos irlandeses!\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter Hawlings entr\u00f3 al servicio de una compa\u00f1\u00eda cuyo mayor accionista era un hombre llamado John Laurie Rickards. Ya para 1849, cuando la peque\u00f1a Ellen ten\u00eda cinco a\u00f1os de edad, Marie estaba dedicada a su educaci\u00f3n y cuidado en cuerpo y alma, debido a que por alguna causa que los m\u00e9dicos no pod\u00edan explicar del todo, simplemente la mujer hab\u00eda quedado imposibilitada de tener m\u00e1s descendencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLas pocas horas de descanso que ten\u00eda Peter, sol\u00eda pasarlas en familia, sobre todo disfrutando la gran inteligencia y belleza de su peque\u00f1a. Una ma\u00f1ana de domingo, luego de asistir a los servicios religiosos, Peter dijo a su mujer que en la empresa se corr\u00edan rumores acerca de que el accionista mayor estaba buscando expandir los mercados y llevar el tendido de v\u00edas f\u00e9rreas a otras regiones del mundo, y que ya estaban haciendo una lista con los obreros, t\u00e9cnicos e ingenieros que quisieran embarcarse en esta empresa. El ofrecimiento, adem\u00e1s de la mejora salarial, inclu\u00eda la posibilidad de poder mudarse con sus respectivas familias, pues los contratos eran de cinco a\u00f1os. Marie se qued\u00f3 pensativa largo rato. No era necesario que Peter expresara con palabras su deseo de querer anotarse en la lista, si no era que incluso ya lo hubiera hecho. La mujer consider\u00f3 las dificultades de mudarse a un pa\u00eds totalmente desconocido, con otras costumbres, con un idioma que desconoc\u00eda por completo, pero se imagin\u00f3 que acaso muchos otros trabajadores har\u00edan el viaje con sus familias y se dijo que, si era as\u00ed, no se sentir\u00eda tan sola. Pens\u00f3 tambi\u00e9n en la peque\u00f1a Ellen y en todas las dificultades que tendr\u00eda que pasar para acostumbrarse a una nueva naci\u00f3n, pero de inmediato desech\u00f3 este pensamiento, convencida de que para la ni\u00f1a podr\u00eda ser una gran experiencia, que le abrir\u00eda mundo y que acaso en tierras lejanas podr\u00eda llegar a realizar plenamente su destino, con la compa\u00f1\u00eda de Dios. Finalmente, Marie expres\u00f3 a su marido que a d\u00f3nde \u00e9l estuviera, ella y su hija estar\u00edan tambi\u00e9n, por lo que acatar\u00edan la decisi\u00f3n que tomara el padre de familia. Peter se llen\u00f3 de alegr\u00eda y abraz\u00f3 a las dos mujeres, seguro de que, de ah\u00ed en m\u00e1s, su vida cambiar\u00eda para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEn las primeras semanas del a\u00f1o 1850, los obreros, t\u00e9cnicos e ingenieros que se hab\u00edan anotado en la lista para migrar a otras misiones fueron citados. Un gerente les dijo que el se\u00f1or John Laurie Rickards hab\u00eda logrado la firma de un contrato de concesi\u00f3n con el gobierno de M\u00e9xico y que el objetivo era llegar a terminar la v\u00eda f\u00e9rrea que unir\u00eda la Ciudad de M\u00e9xico, capital de aquel pa\u00eds, con uno de los puertos m\u00e1s importantes de la naci\u00f3n, llamado Veracruz. Desde luego, la primera y m\u00e1s recurrente pregunta fue \u00ab\u00bfD\u00f3nde es M\u00e9xico?\u00bb, a lo que el gerente sintetiz\u00f3 que se encontraba en Am\u00e9rica y era la naci\u00f3n que limitaba al sur con los Estados Unidos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLos obreros, t\u00e9cnicos e ingenieros recibieron la instrucci\u00f3n de que contaban con seis semanas de preparaci\u00f3n para partir. El viaje ser\u00eda al iniciar el mes de maro de 1850 y todos partir\u00edan en buque expresamente rentado para el caso que partir\u00eda del puerto ingl\u00e9s de Liverpool y los llevar\u00eda sin escalas hasta su destino final, Veracruz. La traves\u00eda se realiz\u00f3 sin mayares contratiempos y hacia finales del mes de abril, los operarios, acompa\u00f1ados en pocos casos por sus respectivas familias, pisaron tierras en donde, se enteraron poco despu\u00e9s, unos cuatro siglos antes hab\u00edan desembarcado los espa\u00f1oles para iniciar lo que daban en llamar la conquista del nuevo mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bMarie constat\u00f3 que Veracruz era diferente de Liverpool, pero la esencia era la misma. Derivada de su intensa actividad comercial, en su puerto atracaban buques de las m\u00e1s diversas banderas, as\u00ed que un breve paseo pod\u00eda contemplar la vista de gente de todas las procedencias del orbe. La primera misi\u00f3n de Peter Hawlings fue buscar alojamiento para su familia, lo que se facilit\u00f3 porque se asoci\u00f3 con un par de obreros que s\u00ed hab\u00edan viajado con su parentela y por ello lograron la renta de una casa grande en donde podr\u00edan vivir las tres familias, sin mayores problemas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bMarie tuvo cierta dificultad para poder entenderse con los lugare\u00f1os, pues a pesar de que desde hac\u00eda algunas semanas se hab\u00eda empe\u00f1ado en aprender cuando menos los vocablos b\u00e1sicos del idioma espa\u00f1ol, su acento de pronunciaci\u00f3n hac\u00eda que muchas personas, en especial los comerciantes, tuvieran dificultad para entenderla. No se desesper\u00f3. Se dijo que todo se salva con la debida pr\u00e1ctica y que entre m\u00e1s hablara el nuevo idioma, mejor lo dominar\u00eda y lograr\u00eda hacerse entender por todos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bA los tres d\u00edas, los obreros, t\u00e9cnicos e ingenieros fueron citados para darles los pormenores de la misi\u00f3n. Desde hac\u00eda m\u00e1s de diez a\u00f1os, el entonces Presidente de M\u00e9xico Anastasio Bustamante, hab\u00eda ordenado la creaci\u00f3n de la l\u00ednea de ferrocarril que unir\u00eda a la ciudad de M\u00e9xico con el puerto de Veracruz, pero que, por diversos inconvenientes, entre ellos enfrentamientos internos y la invasi\u00f3n de los soldados norteamericanos, hab\u00eda sido imposible completar la misi\u00f3n. Se ten\u00eda una peque\u00f1a secci\u00f3n construida que no llegaba ni a los quince kil\u00f3metros de los m\u00e1s de trescientos que conten\u00eda el proyecto completo, por lo que era necesario avocarse de inmediato al rendido del camino f\u00e9rreo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter Hawlings y sus compa\u00f1eros marcharon a la instalaci\u00f3n de su primer campamento de trabajo. Marie, Ellen y las otras mujeres quedaron en Veracruz, a la espera de cuando los hombres pudieran volver al puerto de visita, pues se entend\u00eda que ni el terreno era muy propicio, ni tampoco se hab\u00eda venido a M\u00e9xico a tomar vacaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bDe este modo comenzaron a pasar lentamente los meses. Uno a uno los metros longitudinales del terreno fueron prepar\u00e1ndose cuidadosamente por los t\u00e9cnicos y obreros especializados, auxiliados por decenas de ayudantes generales, encargados del movimiento de tierra, piedras, \u00e1rboles, escombro y todo tipo de obst\u00e1culo, preparando todo para la construcci\u00f3n de terraplenes, trincheras y t\u00faneles, con la debida precauci\u00f3n de dar consistencia suficiente al suelo, en un medio que veces se tornaba un poco hostil, en especial para quienes, como Peter, no estaban acostumbradas a lasa c\u00e1lidas temperaturas cercanas a las costas de tal parte del mundo. A continuaci\u00f3n, ven\u00eda con lentitud la colocaci\u00f3n de durmientes y rieles que poco a poco iban conformando un camino de acero que era, para la temporada, el sello mismo de la modernidad. Los obreros, t\u00e9cnicos e ingenieros extranjeros pronto adoptaron las costumbres de los lugare\u00f1os, haciendo que la jornada de trabajo transcurriera de manera preferente durante las horas frescas de la tarde, la noche y la madrugada, reservando las calurosas horas del d\u00eda para el descanso y el ocio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter se destac\u00f3 r\u00e1pidamente por interesarse en el conocimiento y dominio del espa\u00f1ol de manera que, con mucha determinaci\u00f3n, logr\u00f3 darse a entender con facilidad entre los auxiliares generales y tambi\u00e9n entre obreros, t\u00e9cnicos e ingenieros especializados que adopt\u00f3 la empresa entre personas mexicanas. Con la misma rapidez, Peter aprendi\u00f3 algunas canciones que cantaba muy a su modo para acompa\u00f1ar a los ejecutantes de las guitarras y las jaranas y que hac\u00edan mucho m\u00e1s llevadero el paso del tiempo del calor y de la lluvia, y a\u00fan con mayor rapidez aprendi\u00f3 a disfrutar de los tragos de aguardiente, el licor procedente de la fermentaci\u00f3n de la ca\u00f1a de az\u00facar, tan diferente del sabor que \u00e9l conoc\u00eda del whisky de su tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bCierto d\u00eda, ya bien integrado a su grupo de trabajo, Peter vio llegar al campamento a un hombre de cabellera francamente roja, o al menos muy naranja. De inmediato se dio a notar que no se trataba de un mexicano. Peter, ya con cinco o seis copas de aguardiente ingeridas, se levant\u00f3 de su asiento y fue de inmediato al reci\u00e9n llegado, habl\u00e1ndole en ingl\u00e9s. \u00abNo, no soy de aqu\u00ed. Tiene usted raz\u00f3n. Soy de Irlanda. Llegu\u00e9 al pa\u00eds hace unos tres o cuatro a\u00f1os, cuando la invasi\u00f3n norteamericana. Yo era soldado, pero la verdad es que desert\u00e9\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter se interes\u00f3 en la pl\u00e1tica de su paisano y de inmediato le convid\u00f3 para que compartiera con \u00e9l sus alimentos y la botella de aguardiente que reci\u00e9n hab\u00eda abierto. El soldado no se hizo de rogar y acept\u00f3 de muy buen grado. \u00abYo llegu\u00e9 a Am\u00e9rica en 1845. Mi aldea estaba en ruinas, luego de muy malas cosechas. Hoy s\u00e9 que la gente da en llamar a eso la hambruna de la patata. Nos dijeron que en Estados Unidos necesitaban hombres para su ej\u00e9rcito y que a cambio de ser soldado y luchar por ellos, otorgar\u00edan diversos beneficios como tierra y trabajo. Dijeron que un barco partir\u00eda y que llevar\u00eda por un costo bajo a quienes quisieran viajar a Nueva York. Yo era tan miserable, que ni siquiera pod\u00eda comprarme la mitad de un pan y mucho menos un pasaje en barco\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b\u00abMe sub\u00ed al barco de polizonte y sobreviv\u00ed comiendo los restos de la comida que algunos echaban en el escondite en donde permanec\u00ed seis semanas. Apenas pis\u00e9 tierra, me enlist\u00e9 en el ej\u00e9rcito y si me trataron bien, pues luego de meses pude comer como la gente decente. A los pocos meses de entrenamiento nos dijeron que nos embarcar\u00edan hac\u00eda M\u00e9xico a sostener una guerra. Todos los irlandeses formamos una agrupaci\u00f3n a la que llamamos el Batall\u00f3n de San Patricio y desde nuestro desembarco en estas mismas tierras de Veracruz, fuimos de los m\u00e1s bravos, de los que nunca dieron un paso atr\u00e1s. Sin embargo, bien pronto nos dimos cuenta de que la gente de esta naci\u00f3n no ten\u00eda ni idea del por qu\u00e9 de la lucha, del por qu\u00e9 los hab\u00edamos invadido. Como ve usted, son gente pobr\u00edsima. Sus aldeas no son diferentes de las de Irlanda. Creen en el mismo Dios que nosotros, son cat\u00f3licos exactamente igual que los irlandeses. Acaso su pecado es que tienen mucha tierra y mucha riqueza y que los gobiernos de los Estados Unidos siempre la han querido. Ahora veo todo con claridad: vinimos a hacer la guerra para robarles la tierra, pues debe usted saber que el resultado de la lucha fue que el gobierno de los Estados Unidos le quit\u00f3 a M\u00e9xico m\u00e1s de la mitad de su territorio, y luego les lanz\u00f3 unas cu\u00e1ntas monedas a la cara, como si hubieran estado un momento con una despreciable prostituta\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b\u00abEn el Batall\u00f3n de San Patricio comenzamos a hablar, iniciando por el mismo capell\u00e1n. No era justo que vini\u00e9ramos a derramar la sangre de tanta gente inocente; no era moral que vini\u00e9ramos a luchar contra hermanos cat\u00f3licos, seguidores de la misma religi\u00f3n, nosotros que desde Irlanda hemos luchado por siglos por mantenernos fieles a la creencia de nuestros padres y de nuestros abuelos. Decididamente no era justo ni moral lo que est\u00e1bamos haciendo. A principios de septiembre de 1847 nos acercamos a la Ciudad de M\u00e9xico. La verdad es que fue una campa\u00f1a rel\u00e1mpago, pues los pocos que se nos opon\u00edan ca\u00edan presa de lo obsoleto de sus armas o simplemente porque su gobierno siquiera ten\u00eda para darles municiones, al grado que, se lo digo con toda honestidad, daba pena ajena que los soldados mexicanos andaban casi desnudos. Una noche, con toda discreci\u00f3n, tomamos votaci\u00f3n para saber qu\u00e9 partido tomar. Gan\u00f3 el que deb\u00edamos pasarnos del lado mexicano, pues eso era lo justo y lo correcto a nuestros ojos y seguramente tambi\u00e9n a los ojos de Dios. Yo no vot\u00e9, pero sent\u00eda que tal decisi\u00f3n s\u00f3lo nos traer\u00eda desgracia. Finalmente, en las inmediaciones de un castillo que era de los \u00faltimos reductos mexicanos, a una se\u00f1al, el Batall\u00f3n de San Patricio cambi\u00f3 de frente y al ver tal cosa los soldados mexicanos se animaron, pero la verdad, tal como yo lo hab\u00eda previsto, el ej\u00e9rcito de los Estados Unidos nos hizo pedazos en menos tiempo del que estoy usando para cont\u00e1rselo. Confieso mi cobard\u00eda y mi verg\u00fcenza, pues al ver el rumbo que estaban tomando las cosas, aprovechando que est\u00e1bamos en un bosque, me sub\u00ed a lo alto de la copa de un \u00e1rbol muy frondoso y de ah\u00ed no baj\u00e9 como en cinco d\u00edas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b\u00abDesde mi escondite pude ver las escaramuzas que se armaron para acorralar y tomar presos a los irlandeses que hab\u00edan quedado vivos. En los \u00e1rboles aleda\u00f1os a donde yo estaba escondido, colgaron sin previo juicio y sin la posibilidad de concederles la confesi\u00f3n y la comuni\u00f3n, a los primeros irlandeses. Los recuerdo muy bien porque eran mis amigos, tres hombres que eran hermanos y se apellidaban Hawlings. Luego, tomando todo tipo de precauciones sal\u00ed de la ciudad, me met\u00ed a vagar entre los pueblos y las monta\u00f1as de esta naci\u00f3n, hasta que nuevamente llegu\u00e9 al puerto de Veracruz, en donde alguien me integr\u00f3 como obrero en esta compa\u00f1\u00eda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter se qued\u00f3 mudo un largo rato. Al final, pidi\u00f3 a un mozo otra botella de aguardiente. Se bebi\u00f3 de un trago casi un tercio de la que estaban tomando y dio al soldado desertor la otra completamente nueva. Dando las gracias por el relato y alej\u00e1ndose dando pasos torpes, propios de un borracho. A la distancia el ex combatiente quiso saber a qui\u00e9n deb\u00eda agradecer por la botella y escuch\u00f3 que el otro le gritaba que se llamaba Peter Hawlings, para luego verlo perderse bajo la lluvia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bMientras esto suced\u00eda en el campamento, en la ciudad y puerto de Veracruz, Marie se sent\u00eda muy feliz, pues hab\u00eda localizado una escuela atendida por monjas que le ofrec\u00edan educaci\u00f3n formal para su peque\u00f1a Ellen. Lo mejor era que se trataba de un colegio diurno, por lo que hac\u00eda la hora de la comida, Marie iba por su ni\u00f1a y estaba con ella toda la tarde y la noche; eso no habr\u00eda sido posible si hubieran trabajado en la modalidad de internado, como suced\u00eda en la mayor\u00eda de las escuelas religiosas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bDe esta manera, la peque\u00f1a Ellen con apenas seis a\u00f1os de edad, conoci\u00f3 lo que era ir a la escuela. Las monjas determinaron que una de ellas, conocedora de la lengua inglesa, se hiciera cargo de la ni\u00f1a, tratando, en primer lugar, de ense\u00f1arle la lectura y la escritura en la lengua materna de los sajones y ya luego, una vez dominado este menester, la ni\u00f1a aprendiera a hablar y a escribir tambi\u00e9n en espa\u00f1ol, de manera que llegara a ser perfectamente biling\u00fce.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bAs\u00ed pasaron los primeros cinco a\u00f1os. Peter iba y ven\u00eda del campamento con cierta regularidad, pues debido a los avances en la obra, cada d\u00eda quedaban m\u00e1s lejos de Veracruz. Cuando lleg\u00f3 el final de su contrato, hubo algunos inconvenientes de la empresa con el gobierno y la encomienda sigui\u00f3, pero ahora bajo la ejecuci\u00f3n de otra firma, cuyo gerente, de inmediato ofreci\u00f3 a quienes quisieran, poder mantener sus condiciones de trabajo. Peter ni siquiera tuvo que pensarlo y firm\u00f3 por otros cinco a\u00f1os, y as\u00ed pas\u00f3 en su la vida otro lustro tendiendo v\u00edas de ferrocarril en intrincados parajes de las monta\u00f1as, entre r\u00edos de caudales impresionantes y abismos muy profundos, sobre los que se constru\u00edan con lentitud diversos puentes para hacer pasar las v\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLleg\u00f3 el momento, hac\u00eda 1860, en que Peter Hawlings recibi\u00f3 la instrucci\u00f3n de trasladarse a las planicies de la zona de Tlaxcala, a la que se llamaba el altiplano central mexicano, y comandar cierta secci\u00f3n que iniciar\u00eda en tales lugares el trazado y tendido de las v\u00edas. El hombre pens\u00f3 que era definitivamente muy dif\u00edcil continuar visitando a su mujer y a su hija en el puerto de Veracruz. Ellen ya ten\u00eda casi diecis\u00e9is a\u00f1os y adem\u00e1s de ser una mujer muy hermosa y distinguida, gracias a la instrucci\u00f3n de las monjas, era especialmente culta e inteligente. De forma natural, hablaba con pulcritud su lengua materna, la inglesa, pero al mismo tiempo se expresaba sin denotar ning\u00fan acento extranjero en idioma espa\u00f1ol y estaba ya bastante adelantada en conocimientos de italiano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEllen Hawlings ten\u00eda buenos conocimientos en ciencias naturales, aunque su inclinaci\u00f3n favorita estaba del lado de las artes y muy en concreto del lado de la m\u00fasica. Con las monjas hab\u00eda conocido y practicado los c\u00e1nticos lit\u00fargicos, todos ellos entonados en un lat\u00edn intachable, pero al mismo tiempo la chica disfrutaba como nadie de los fandangos populares que se efectuaban casi todos los d\u00edas en Veracruz y, al lado del arpa, la jarana y la guitarra, entonaba diversos sones, canciones y d\u00e9cimas que le dieron un lugar de honor entre los m\u00fasicos del puerto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bMarie estaba orgullosa de la persona en que se hab\u00eda convertido su hija, y lo bien adaptada que estaba a la sociedad de la ciudad. Cuando escuch\u00f3 de Peter el requerimiento de tendr\u00edan que mudarse a otra regi\u00f3n del pa\u00eds, no dej\u00f3 de inquietarse, pues ser\u00eda como volver a empezar, y la verdad es que ya se sent\u00eda muy ambientada, incluso acostumbrada al c\u00e1lido y h\u00famedo ambiente del puerto. No obstante, fiel a su promesa, reiter\u00f3 a su esposo su fidelidad y determinaci\u00f3n por ir a donde fuera que \u00e9l estuviera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter determin\u00f3 que en el viaje de exploraci\u00f3n que har\u00eda en las siguientes semanas, procurar\u00eda encontrar un sitio adecuado para que pudieran mudarse a vivir. El hombre lleg\u00f3 a la regi\u00f3n de Tlaxcala comenzando el oto\u00f1o del a\u00f1o de 1860 y naturalmente la primera impresi\u00f3n que tuvo fue el que la temperatura era muy diferente a la que exist\u00eda en el puerto. Se preocup\u00f3 un poco por la cuesti\u00f3n, m\u00e1s luego reflexion\u00f3 en que el frio caer\u00eda bien para recordar las lejanas tierras de Irlanda. Adem\u00e1s de la zona por donde se pretend\u00eda tender la v\u00eda del ferrocarril, Peter recorri\u00f3 a caballo en sus tiempos libres los principales pueblos y ciudades tlaxcaltecas. Los campesinos de la regi\u00f3n comenzaban por esas fechas a prepararse para levantar sus cosechas y se notaba que los campos eran especialmente f\u00e9rtiles.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLe llam\u00f3 la atenci\u00f3n, en primer sitio que las personas, adem\u00e1s de hablar el espa\u00f1ol para comunicarse, ten\u00edan un idioma que \u00e9l nunca hab\u00eda escuchado y que era muy agradable de o\u00edr, el n\u00e1huatl. Aprovechando que eran los primeros d\u00edas de octubre, uno de los ingenieros locales que se hab\u00eda encargado de hacer el recorrido con Peter en la zona en donde deb\u00edan trabajar los siguientes a\u00f1os, le invit\u00f3 a la celebraci\u00f3n de la fiesta de San Dionisio que se realizaba en uno de los pueblos de la regi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bFue as\u00ed como Peter Hawlings, desde las lejanas tierras irlandesas, conoci\u00f3 el pueblo de San Dionisio Yauhquemehcan, enclavado en el centro geogr\u00e1fico de Tlaxcala que, por cierto, apenas hac\u00eda unos tres a\u00f1os, hab\u00eda logrado que se le consideraba, en toda justicia la categor\u00eda como estado libre y soberado, con base en la Constituci\u00f3n aprobada a principios de 1857.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEl pueblo estaba de fiesta en honor a su santo patrono, San Dionisio, quien fuera el primer obispo de Paris y mereciera el martirio, siendo decapitado. Peter lleg\u00f3 a las inmediaciones del templo y lo primero que llam\u00f3 su atenci\u00f3n fue el resonar de un peque\u00f1o conjunto musical, integrado por dos grandes tambores y una flauta. Luego le explicaron que el nombre de tales elementos eran huehuetl, teponaxtle y chirim\u00eda. El hombre, a continuaci\u00f3n, quit\u00e1ndose el sombrero, ingreso en la iglesia del pueblo, sintiendo un golpe de color y de belleza \u00fanicos. Contemplaba el interior del templo con los ojos maravillados. En ning\u00fan lugar de donde hab\u00eda estado anteriormente, exist\u00eda la exuberancia de arte derramada con tanta profusi\u00f3n como en San Dionisio. Con toda reverencia y recogimiento, Peter escuch\u00f3 la misa y tambi\u00e9n pudo atestiguar lo magn\u00edfico de la m\u00fasica sacra que se entonaba desde lo alto del coro, con las notas de un \u00f3rgano tubular imponente invadiendo toda la nave, dando paso a las voces imponentes de tenores y bar\u00edtonos que hac\u00edan de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica todo un acontecimiento inolvidable. \u00abA Ellen le encantar\u00eda vivir aqu\u00ed\u00bb, se dijo mientras continuaba contemplando el esplendor del retablo mayor logrado de forma tan magn\u00edfica, tan perfecta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPor la tarde, Peter Hawlings fie convidado en la casa del Alcalde Mayor del Ayuntamiento de San Dionisio a comer. Comprob\u00f3 que era diferente la preparaci\u00f3n de los alimentos de Tlaxcala respecto de lo que se hac\u00eda en el puerto de Veracruz. Aunque ya le hab\u00edan hablado del pulque, la verdad era que Peter nunca lo hab\u00eda probado hasta ese d\u00eda. Le gust\u00f3 mucho su sabor, su consistencia y qued\u00f3 admirando cuando le contaron de la maravilla que era en s\u00ed misma la planta del maguey. Peter definitivamente qued\u00f3 convencido de que aquel pueblo podr\u00eda ser un estupendo lugar de residencia para su mujer y su hija, en tanto duraban los trabajos de construcci\u00f3n de las v\u00edas del ferrocarril en esa zona, de manera que aprovechando la autoridad y conocimiento del Alcalde Mayor, pregunt\u00f3 si habr\u00eda la posibilidad de obtener una casa en renta. El aludido respondi\u00f3 que la casona que se encontraba en la parte posterior de la parroquia era de unos parientes suyos y que pr\u00e1cticamente no la usaban, por lo que con toda seguridad estar\u00edan en disposici\u00f3n se cederla en arrendamiento. Casi sobra decir que Peter entr\u00f3 en comunicaci\u00f3n al siguiente d\u00eda con las personas se\u00f1aladas y cerr\u00f3 el trato.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bUnos d\u00edas despu\u00e9s, en el puerto de Veracruz, cont\u00f3 a Marie y a Ellen el plan y la chica pareci\u00f3 especialmente entusiasmada en conocer otra zona del pa\u00eds, mientras que su madre no dej\u00f3 de pensar en las dificultades que todo eso traer\u00eda, pero, siempre fiel a su promesa de seguir a su marido, se aprest\u00f3 a hacer los preparativos para la mudanza. En realidad, lo \u00fanico que se ocuparon en guardar fue algo de ropa y algunos objetos personales, pues todos los muebles y dem\u00e1s enseres dom\u00e9sticos fueron vendidos. Peter, Marie y Ellen llegaron a San Dionisio Yauhquemehcan a residir en lo que ser\u00eda su nuevo hogar en los \u00faltimos d\u00edas del mes de octubre de 1860. El padre de familia, como buen previsor, hab\u00eda tomado los servicios de un agente comercial muy de su confianza para que se ocupara en adquirir los muebles y otros enseres necesarios para la vida cotidiana. Para Ellen, Peter ten\u00eda reservada una sorpresa especial, pues a los due\u00f1os de la casa les hab\u00eda comprado un magn\u00edfico piano que hac\u00eda unos veinte a\u00f1os les hab\u00edan tra\u00eddo por encargo desde Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEllen qued\u00f3 maravillada y muy agradecida con su padre por el regalo y Marie expres\u00f3 que la casona era muy amplia y bella y que seguramente vivir\u00edan ah\u00ed muy felices. Uno de los primeros contactos que tuvieron las dos mujeres con la nueva comunidad fue la celebraci\u00f3n de la fiesta a la que llamaban de los Fieles Difuntos. En especial Ellen qued\u00f3 maravillada de contemplar en diversas casas de los alrededores de San Dionisio los altares con ofrendas que las familias colocaban en memoria de sus antepasados. Cuando lleg\u00f3 el momento de levantar, la chica recibi\u00f3 un sinf\u00edn de obsequios de fruta, pan y dulces. Ellen escuch\u00f3 la dulzura y la musicalidad de la lengua n\u00e1huatl, a pesar de que la mayor\u00eda de los habitantes del pueblo tambi\u00e9n se expresaban en buen espa\u00f1ol. Las ancianas, movidas a la ternura por la figura de la joven irlandesa, comenzaron a llamarla \u00abiztacihuatl\u00bb, es decir, mujer blanca. Una anciana la llev\u00f3 a la mitad de un terreno de labor y le se\u00f1al\u00f3 los dos volcanes que custodiaban a lo lejos, la regi\u00f3n de Tlaxcala y le explic\u00f3 que con esa majestuosidad y blancura ella estaba vestida. Ellen, enternecida, bes\u00f3 y abraz\u00f3 a la mujer a quien, desde luego, pidi\u00f3 que le ense\u00f1ara la lengua n\u00e1huatl y de esta manera Ellen comenz\u00f3 a aprender los vocablos m\u00e1s esenciales del bello idioma que desde hac\u00eda siglos se hablaba en toda Tlaxcala.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bCon motivo de las fiestas de los Fieles Difuntos, Marie y Ellen tuvieron ocasi\u00f3n de conocer en todo su esplendor el templo de San Dionisio y ambas quedaron maravilladas por el color y el arte que estaban ah\u00ed contenidos. En muy pocos d\u00edas hab\u00edan entrado en amistad con muchas personas que desde luego les invitaron a participar en diversas actividades de la comunidad. Aprovechando una estancia de Peter, se organiz\u00f3 en su casa una peque\u00f1a reuni\u00f3n a donde fueron convidados los nuevos amigos de la familia, incluyendo al p\u00e1rroco de la localidad, el Alcalde Mayor del Ayuntamiento y otros funcionarios. El cura, que era muy versado en m\u00fasica, de inmediato reconoci\u00f3 el piano y pregunt\u00f3 sobre qui\u00e9n era la ejecutante del instrumento, pensando, de momento, que acaso Marie fuera quien, por su edad, ten\u00eda gusto y disposici\u00f3n para el teclado. La respuesta no se hizo esperar y Ellen, tomando su lugar en el banquillo, ejecut\u00f3 una pieza sencilla pero muy alegre, para luego animarse a entonar una canci\u00f3n popular que hab\u00eda aprendido entre sus amigos m\u00fasicos del puerto de Veracruz. Todos los asistentes quedaron admirados de la limpieza, tonalidad y fuerza expresiva de la voz de la joven ejecutante. El cura no quiso quedarse con las ganas y pidi\u00f3 a Ellen que interpretara algunos compases de un himno sacro, lo cual la chica hizo con toda perfecci\u00f3n, pues no en vano hab\u00eda pasado tantos a\u00f1os con las monjas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEl cura p\u00e1rroco de San Dionisio volvi\u00f3 los ojos hacia el se\u00f1or Guti\u00e9rrez, que era el Maestro de Capilla y encontr\u00f3 por toda respuesta una amplia aprobaci\u00f3n, de manera que, sin dudarlo, el presb\u00edtero invit\u00f3 a Ellen a unirse a los maestros m\u00fasicos del coro, con todo y lo excepcional que era admitir a una mujer entonando desde lo alto del coro los c\u00e1nticos sagrados para acompa\u00f1ar el acto de la liturgia. \u00abDios merece ser alabado por las mejores voces\u00bb, dijo el sacerdote para justificarse con Ellen y acord\u00f3 que el Maestro de Capilla y Ellen tuvieran sus primeros ensayos en la siguiente semana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bCuando Ellen tuvo acceso al coro de la parroquia de San Dionisio qued\u00f3 a\u00fan m\u00e1s admirada del lugar. Hab\u00eda un \u00f3rgano tubular recientemente adquirido y media docena de m\u00fasicos, encabezados por el Maestro de Capilla, quienes comenzaron a practicar los c\u00e1nticos que se ejecutar\u00edan con motivo de las fiestas de adviento, incluyendo la ceremonia especial que enmarcar\u00eda la Navidad de 1860.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLas festividades de celebraci\u00f3n del Nacimiento del Ni\u00f1o Jes\u00fas fueron todo un \u00e9xito y Ellen tuvo la oportunidad de entonar c\u00e1nticos populares en el interior de las casas. Esa Navidad, Peter hizo diversos obsequios a las mujeres, aunque para Ellen uno de los que m\u00e1s aprecio mereci\u00f3 fue un par de buenos caballos de tiro un carricoche que resultaba muy sencillo de conducir y al que los animales pod\u00edan engancharse sin apenas nada de esfuerzo. Esto permiti\u00f3 a Marie y Ellen comenzar a hacer algunos recorridos para conocer las inmediaciones del pueblo de San Dionisio y visitar otros lugares de los que escuchaban hablar con mucha frecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bA Ellen le gustaba mucho ir a las inmediaciones del r\u00edo Zahuapan y a la laguna Atotonilco, a muy poca distancia de su casa, aunque qued\u00f3 simplemente maravillada de mirar las l\u00edmpidas aguas que ca\u00edan vertiginosas de las cascadas del pueblo vecino de Santa Mar\u00eda Atlihuetzian, en donde adem\u00e1s le fascinaba la iglesia del lugar y las ruinas monumentales de lo que hac\u00eda varios siglos hab\u00eda sido un convento. Ten\u00eda tambi\u00e9n varios amigos en el pueblo de Santa \u00darsula Zimatepec, en donde m\u00e1s de una tarde se hab\u00eda quedado extasiada escuchando de la gente mayor las diversas leyendas y relatos relativos a la aparici\u00f3n de brujas que en las noches sol\u00edan surcar el cielo, como si fueran bolas de fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bM\u00e1s adelante ambas mujeres conocieron San Francisco Tlacuilohcan y su maravilloso bosque, as\u00ed como Santa Mar\u00eda Bel\u00e9n, en donde igualmente era fama la presencia de brujos y hechiceros. San Pablo Apetatitl\u00e1n y Santa Ana Chiautempan eran especialmente visitados cuando se quer\u00edan encargar las mujeres algunas prendas de vestir nuevas, pues sus artesanos eran especialmente diestros para el trabajo del telar de cintura. Naturalmente, cuando las mujeres visitaron la ciudad de Tlaxcala quedaron maravilladas, muy en especial por la Bas\u00edlica de Nuestra Se\u00f1ora de Ocotl\u00e1n, localizada en la parte m\u00e1s alta de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bDe pronto, las quejas de Marie s\u00f3lo versaban en torno del fr\u00edo que sol\u00eda sentirse en ciertas \u00e9pocas del a\u00f1o, pero, de ah\u00ed en m\u00e1s, la vida transcurr\u00eda con felicidad para estas dos mujeres venidas desde muy lejos. A finales de 1861, en una de las visitas de Peter, mencion\u00f3 que hasta el campamento hab\u00eda llegado todo tipo de noticias acerca de que se avecinaban tiempos muy violentos, incluyendo nuevas invasiones al pa\u00eds. El hombre llev\u00f3 a las dos mujeres a un paraje separado de la poblaci\u00f3n y, a pesar de las protestas de Marie, hizo que ambas aprendieran a manejar y a disparar un rifle y un revolver, dej\u00e1ndoles la encomienda de que, ante la sensaci\u00f3n de cualquier peligro, se defendieran a balazos, sin importar las consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter ten\u00eda raz\u00f3n. En los primeros meses de 1862 se presentaron diversos acontecimientos de gran trascendencia para M\u00e9xico. Las flotas unidas de Espa\u00f1a, Inglaterra y Francia, anclaron frente a las costas de Veracruz, en demanda de que se les pagara de forma inmediata una determinada cantidad por una deuda que M\u00e9xico hab\u00eda adquirido en a\u00f1os anteriores. Las dos primeras naciones se retiraron sin mayores consecuencias, una vez que tuvieron la atenci\u00f3n del gobierno mexicano, pero no as\u00ed Francia quien, sin m\u00e1s ni m\u00e1s, desembarc\u00f3 y comenz\u00f3 a avanzar con sus soldados tierra adentro, con la idea muy clara de llegar a tomar la capital del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bDurante los primeros d\u00edas de mayo de 1862 hubo importantes enfrentamientos entre el ej\u00e9rcito mexicano, al mando del General Ignacio Zaragoza, nacido en Texas y defendiendo con mucho \u00edmpetu a la ciudad de Puebla. Por la cercan\u00eda de Tlaxcala, el acontecimiento fue ampliamente comentado entre diversos sectores de la sociedad tlaxcalteca, aunque tambi\u00e9n result\u00f3 cierto que los habitantes de la capital tlaxcalteca se mostraron algo ap\u00e1ticos a los discursos del enjundioso orador Ignacio Ram\u00edrez, que era en ese momento Gobernador, y se ocuparon m\u00e1s en la procesi\u00f3n de la bajada de la Virgen de Ocotl\u00e1n, en donde estuvieron presentes Marie y Ellen que ya se consideraban como devotas de la milagrosa imagen aparecida en un \u00e1rbol de ocote.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bA pesar de las dificultades que representaba la invasi\u00f3n francesa, la construcci\u00f3n de la v\u00eda del tren sigui\u00f3 su marcha, ciertamente con algunos inconvenientes, pero con la mira puesta en que poco a poco se acercaba la anhelada llegada del objetivo. Peter desconoc\u00eda los detalles que la empresa ten\u00eda con el gobierno del Presidente Benito Ju\u00e1rez y con el imperio de Maximiliano I, quienes, al mismo tiempo, dec\u00edan ejercer el poder legal y leg\u00edtimo. Como quiera que haya sido. Hawlings nunca se consider\u00f3, ni de cerca, ser un interesado en los asuntos de la pol\u00edtica. Lo suyo era tender durmientes y colocar rieles para la debida marcha de los trenes que alg\u00fan d\u00eda subir\u00edan desde la costa cargados de gente y mercanc\u00eda, y bajar\u00edan desde la capital de la naci\u00f3n hacia el puerto, con la intenci\u00f3n de tener m\u00e1s comunicaci\u00f3n con el resto del mundo, en un gesto manifiesto de modernidad y empuje econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bUna noche, hacia el inicio del oto\u00f1o de 1862, Peter regres\u00f3 a su casa, a San Dionisio, a pasar unos d\u00edas de descanso. El viaje hab\u00eda sido agotador y, luego de darse un ba\u00f1o reconfortante y de recibir el reconocimiento de una cena en familia con su mujer y su hija, el hombre se retir\u00f3 a su habitaci\u00f3n en compa\u00f1\u00eda de Marie en donde, a los pocos minutos, se qued\u00f3 profundamente dormido. En lo m\u00e1s profundo de su sue\u00f1o escuch\u00f3 gritos de gente y se despert\u00f3 exaltado. Cuando tom\u00f3 plena conciencia de la realidad, efectivamente se escuchaban ruidos y gritos al exterior de su casa, concretamente a unos metros, frente a la puerta del curato. Se levant\u00f3 de prisa, tratando de encender una vela y su sorpresa fue mayor cuando vio a Ellen frente a una ventana con un rifle cargado y apuntando hacia el exterior y otra arma igual a su lado, esperando su turno de ser detonada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b\u00abParece que detuvieron a alguien y quieren ajusticiarlo. Solo he escuchado como la gente grita que muera el franc\u00e9s. Son muchos vecinos\u00bb. \u00abPero no entiendo el por qu\u00e9 est\u00e1s en posici\u00f3n de tirador, si no eres la atacada\u00bb. \u00ab\u00a1Ah, es que uno nunca sabe!\u00bb, respondi\u00f3 la joven en el momento exacto en que la gente estall\u00f3 en un verdadero rugido de fiereza gritando \u00ab\u00a1Muera el franchute!\u00bb, y se mir\u00f3 con claridad como un hombre estaba siendo colgado de unos de los \u00e1rboles de frente al curato de San Dionisio. Peter orden\u00f3 a su hija cerrar la ventana y deponer las armas para irse a dormir, pues tales espect\u00e1culos no eran propios de una se\u00f1orita de su condici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bAl d\u00eda siguiente, en efecto, en todo el pueblo de San Dionisio no hubo otro tema que comentar que el ajusticiamiento de un soldado franc\u00e9s, posiblemente un desertor, que hab\u00eda sido capturado y ejecutado sin mayor procedimiento. El Alcalde Mayor del Ayuntamiento s\u00f3lo pidi\u00f3 al Secretario que hiciera un informe b\u00e1sico y lo remitiera a la superioridad del Estado, y que el cuerpo fuera sepultado lo antes posible. Finalmente, el pa\u00eds estaba en guerra y no hab\u00eda que hacer mayores ceremonias ni aspavientos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter sigui\u00f3 metido en su trabajo, m\u00e1ximo cuando el jefe de la misi\u00f3n, Guillermo Lloyd, hab\u00eda presentado un informe detallado en el que calculaba que estaba pr\u00f3xima la conclusi\u00f3n del tramo completo de la Ciudad de M\u00e9xico hac\u00eda el recientemente instalado campamento de Apizaco, distante apenas unos cuatro kil\u00f3metros de San Dionisio Yauhquemehcan, y desde donde se proyectaba un ramal especial para unir a la ciudad de Puebla, de manera que desde la primavera de 1866 el trabajo en el tendido de la v\u00eda del tren tom\u00f3 nuevos \u00e1nimos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bCuando Ellen cumpli\u00f3 veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad, el 24 de mayo de 1867, su padre mand\u00f3 hacer una gran celebraci\u00f3n en su honor que dur\u00f3 pr\u00e1cticamente tres d\u00edas. Naturalmente todo comenz\u00f3 con una misa de acci\u00f3n de gracias que con toda solemnidad presidi\u00f3 el cura p\u00e1rroco de San Dionisio. El templo luc\u00eda lleno de gente y de flores, pues era de verdad mucho el aprecio que la joven Ellen hab\u00eda ganado de parte de diversas personas no s\u00f3lo de su pueblo, sino de la regi\u00f3n. Desde luego, al Maestro Guti\u00e9rrez dispuso de que el coro ampliado ejecutara bell\u00edsimas obras en honor de la liturgia. Ellen luc\u00eda bell\u00edsima con un vestido blanco y un ramo de flores silvestres como ornato principal. Al banquete fueron invitados, por igual, personas principales o que detentaban alguna dignidad, lo mismo que la gente sencilla del pueblo. El baile fue un gran acontecimiento, pues sabedores de su afici\u00f3n por el arte, diversos grupos llegaron por s\u00ed mismos a tocar en la fiesta de cumplea\u00f1os de Ellen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bA algunas personas del pueblo les parec\u00eda un poco extra\u00f1o que una mujer llegar\u00e1 a los veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad sin haberse casado, pues casi la totalidad lo hac\u00eda apenas al cumplir los quince, pero comprend\u00edan que se trataba de una familia y de una joven excepcional que, acaso regida por otras costumbres o tradiciones, no ten\u00eda que seguir el patr\u00f3n de las muchachas de San Dionisio y la regi\u00f3n. La verdad es que \u00e9se mismo d\u00eda de su cumplea\u00f1os, el amor toc\u00f3 a la puerta en el coraz\u00f3n de Ellen. All\u00ed conoci\u00f3 a un joven ingeniero ferroviario, Manuel Mart\u00ednez que, igualmente con cinco lustros de edad, de inmediato llam\u00f3 su atenci\u00f3n, pues no era un hombre s\u00f3lo interesado en su trabajo o en las cuestiones t\u00e9cnicas, sino que pose\u00eda, por sus amplias lecturas, un conocimiento muy superior del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEl problema esencial fue que Manuel Mart\u00ednez, lo mismo que el padre de Ellen, viv\u00edan la mayor parte del tiempo en sus campamentos ferroviarios. Fueron las cartas lo que permiti\u00f3 que los dos j\u00f3venes mantuvieran viva su relaci\u00f3n durante varios meses. Las letras permitieron decir muchas cosas y prometer otras tantas. Principalmente el hecho de que se llevar\u00eda a cabo la boda apenas se hubiera terminado e inaugurado el tramo Ciudad de M\u00e9xico \u2013 Apizaco \u2013 Puebla. Con esto en concreto Ellen y Manuel hicieron p\u00fablico su compromiso en la Navidad de 1868, en la cena que se ofreci\u00f3 en la casa de San Dionisio. Ellen dijo a Manuel que, con el fin de no distraerlo de sus actividades y generar retrasos, deb\u00edan escribirse s\u00f3lo una vez cada quince d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200b\u00a1Vaya que ese invierno fue especialmente crudo en Tlaxcala! Enero de 1869 trajo severas heladas y hasta nevadas en la parte alta de las monta\u00f1as, con la consecuente presencia de diversas enfermedades entre toda la poblaci\u00f3n, con todo y que estaba habituada a vivir en tierra fr\u00eda. Marie y Ellen no fueron la excepci\u00f3n a la regla y pr\u00e1cticamente todo el primer mes de 1869 la pasaron muy mal entre resfriados y gripes. Marie fue reponi\u00e9ndose hacia mediados del mes de febrero, pero Ellen parec\u00eda no superar la enfermedad. Se comenz\u00f3 por aplicarle los remedios caseros que durante siglos hab\u00edan dado buenos resultados en la regi\u00f3n, pero ante la imposibilidad de mejora, ya a principios de marzo, se acudi\u00f3 a un m\u00e9dico muy afamado avecindado en la ciudad de Tlaxcala, con cuyo tratamiento la joven no mejor\u00f3 su estado de salud.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bPeter no quiso correr m\u00e1s riesgos e hizo venir desde Puebla, al precio que fuera, al m\u00e9dico m\u00e1s prestigioso de la ciudad de Puebla. Luego de los ex\u00e1menes de rigor, el doctor dijo a Peter que todo apuntaba a que Ellen hab\u00eda contra\u00eddo una enfermedad que estaba da\u00f1ando seriamente sus pulmones y que el peor de los casos, con el paso del tiempo, estar\u00eda perdiendo la capacidad de oxigenar adecuadamente su cuerpo lo que la llevar\u00eda irremediablemente a la muerte. Explic\u00f3 que, a pesar de que no pod\u00eda garantizar nada, intentar\u00eda que con un tratamiento basado en sustanciales que combat\u00edan a las bacterias, se pudiera avanzar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bHacia mediados del mes de marzo, Ellen pareci\u00f3 tener una recuperaci\u00f3n paulatina que puso muy felices a todos. Durante el mes de abril de 1869, la joven pareci\u00f3 recuperarse del todo. Manuel Mart\u00ednez, su prometido, incluso ofreci\u00f3 abandonar el trabajo y adelantar la fecha de la boda, sin mayores miramientos, pero Ellen dijo que era completamente innecesario. Para demostrarlo, con la fuerza que volv\u00eda a estar plena en sus pulmones, Ellen se prepar\u00f3 para dar inici\u00f3 a las festividades en honor de la Virgen Mar\u00eda, en los primeros d\u00edas de mayo. As\u00ed lo hizo y todo pareci\u00f3 marchar de maravilla. Ellen se sent\u00eda nuevamente plena y fuerte al grado de ofrecer al Maestro de Capilla participar en la celebraci\u00f3n en honor de San Isidro Labrador, una fiesta particularmente importante para los cientos de labriegos que trabajaban el campo en San Dionisio y los pueblos de los alrededores. As\u00ed se realiz\u00f3 y la vozz de Ellen se escuch\u00f3 magn\u00edfica, estupenda, deslumbrante, con una vibraci\u00f3n que nunca antes se le hab\u00eda escuchado, al grado que los propios m\u00fasicos y el Maestro Guti\u00e9rrez quedaron admirados y extasiados de haber escuchado el canto de un verdadero \u00e1ngel.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bEsa fue la \u00faltima vez que cant\u00f3 Ellen. Al d\u00eda siguiente, nuevamente estuvo presente la reca\u00edda y la cuesta de descenso fue progresiva. Ni la presencia del afamado m\u00e9dico de Puebla pudo hacer algo por ella. Ellen Hawlings dej\u00f3 de respirar la ma\u00f1ana del 27 de mayo de 1869. Hac\u00eda tres d\u00edas que hab\u00eda cumplido veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLa \u00abiztacihuatl\u00bb, la mujer blanca, dej\u00f3 de existir y todo el pueblo de San Dionisio y sus alrededores sinceramente quedaron consternados. Su voz se hab\u00eda apagado para siempre en una regi\u00f3n muy lejana a la Irlanda que un d\u00eda le vio nacer junto a un plant\u00edo de patatas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u200bLas ceremonias fueron multitudinarias. La misma gente del pueblo opin\u00f3 que Ellen Hawlings deb\u00eda ser sepultada al interior de la parroquia de San Dionisio Yauhquemehcan y as\u00ed se hizo; sin embargo, unos a\u00f1os despu\u00e9s, por algunos trabajos de remodelaci\u00f3n y mantenimiento, la placa de su l\u00e1pida sepulcral fue removida para ser colocada en el atrio de la iglesia de San Dionisio Yauhquemehcan, Tlaxcala, en donde se encuentra hasta el d\u00eda de hoy. Si no me crees, b\u00fascala t\u00fa mismo, dice: \u00abSagred to the memory of Ellen Hawlings who departed this life may 27 1869 aged 25 years\u00bb (consagrado a la memoria de Ellen Hawlings, quien dej\u00f3 esta vida el 27 de mayo de 1869 a la edad de 25 a\u00f1os).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El anhelo de una vida mejor (Cuento hist\u00f3rico; argumento ficticio) David Chamorro Zarco Cronista Municipal Toda le gente era plenamente consciente de la fragilidad de la vida, de lo breve que puede resultar la existencia y de los sufrimientos que vienen aparejados con la subsistencia diaria. 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